Viva México: Nacimiento, dolor y propósito

En la Biblia, el nacimiento siempre está ligado a dolor, proceso y propósito. No solo aplica al nacimiento físico de una persona, sino también al nacimiento de una nación, de una iglesia y del nuevo nacimiento espiritual. Al reflexionar sobre la independencia de México, podemos encontrar paralelos profundos con la Palabra de Dios que nos …

En la Biblia, el nacimiento siempre está ligado a dolor, proceso y propósito. No solo aplica al nacimiento físico de una persona, sino también al nacimiento de una nación, de una iglesia y del nuevo nacimiento espiritual. Al reflexionar sobre la independencia de México, podemos encontrar paralelos profundos con la Palabra de Dios que nos ayudan a entender que todo lo que nace necesita pasar por un proceso para cumplir su propósito.


Un nacimiento marcado por dolor

En Génesis 35:9–19, vemos el nacimiento de Benjamín. Sus padres eran Jacob y Raquel, y aunque fue un momento de vida, también fue un momento de profundo dolor, ya que Raquel murió durante el parto. Esto nos recuerda una verdad espiritual:

Todo nacimiento verdadero implica dolor, esfuerzo y sacrificio.

Desde el principio, Dios estableció que el parto sería un proceso difícil (Génesis 3:16). El trabajo de parto consiste en contracciones continuas y progresivas, necesarias para que la vida salga a la luz.


El nacimiento de una nación: México

Antes de su independencia, México estaba bajo el control de los españoles. La independencia representó el nacimiento de una nueva nación.

  • La independencia de México comenzó en 1810 y se consumó en 1821.
  • Fueron 11 años de “trabajo de parto”.

No fue inmediato, no fue fácil y no fue sin dolor. Pero ese proceso fue necesario para que naciera una nación libre.

Un ejemplo similar es el de los Estados Unidos de América, cuyo proceso de independencia ocurrió entre 1775 y 1783, es decir, 8 años de trabajo de parto.

Esto nos enseña que:

Los procesos largos no significan fracaso, sino gestación.


El nacimiento espiritual

El nacimiento físico no lo es todo. Jesús enseñó claramente que existe un nacimiento espiritual.

En Juan 3:1–7, Jesús le dice a Nicodemo que:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

El nuevo nacimiento es indispensable para entrar y vivir en el reino de Dios.

El apóstol Pablo lo expresa con una imagen poderosa en Gálatas 4:19, cuando dice que sufre dolores de parto hasta que Cristo sea formado en las personas. Esto confirma que el crecimiento espiritual también implica proceso y esfuerzo.


¿Qué sigue después del nacimiento?

Después de nacer, comienza una nueva etapa: crecer, madurar y enfrentar desafíos.

En la historia bíblica, vemos que Israel se dividió:

  • 10 tribus por un lado
  • 2 tribus por el otro

Esto nos muestra que incluso después de un nacimiento, pueden venir crisis internas, pero estas también forman parte del proceso de crecimiento y definición.


Nacer no es suficiente

La Biblia nos deja claro que:

El nacimiento del ser humano, de una nación, de la iglesia o incluso el nacimiento espiritual no lo es todo.

Todo nacimiento es motivo de gozo, aun cuando haya dolor. Sin embargo, sin crecimiento no hay trascendencia.

Jesús lo explica nuevamente en Juan 3:3–5, al hablar de nacer del agua y del Espíritu:

  • Nacer del Espíritu: es el nuevo nacimiento espiritual (Juan 3:3).
  • Nacer del agua: se relaciona con la renovación y transformación continua, como se menciona en Efesios 5:26.

Jesús también habló de esta limpieza y renovación en Juan 13:8–9, y el autor de Hebreos la confirma en Hebreos 10:22.


La importancia de la revolución interna

Una verdad clave es esta:

Sin revolución interna, no hay crecimiento verdadero.

Si no hay un cambio profundo en el corazón, en la mente y en la forma de vivir, todo lo que una persona haga está destinado a no trascender a las siguientes generaciones.

Por eso, el apóstol Pablo exhorta en 1 Timoteo 6:12 a pelear la buena batalla de la fe. La fe no es pasiva; implica decisión, esfuerzo y perseverancia.


Así como México pasó por un largo trabajo de parto para nacer como nación, y así como cada persona pasa por dolor para nacer físicamente, Dios nos llama a experimentar un nuevo nacimiento espiritual y una transformación constante.

El dolor no es el final; es el inicio. El proceso no es pérdida; es preparación. Y el nacimiento no es la meta; la meta es crecer, madurar y trascender para la gloria de Dios.

Todo lo que Dios hace nacer, Él espera que crezca y dé fruto.