“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” — 1 Corintios 11:1 Seguramente alguna vez te has encontrado frente a una decisión y has pensado: “¿Qué haría Jesús en mi lugar?” Es una pregunta que puede ayudarnos a detenernos y pensar antes de actuar. Jesús nos dejó un ejemplo de amor, compasión, servicio y …
“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” — 1 Corintios 11:1
Seguramente alguna vez te has encontrado frente a una decisión y has pensado:
“¿Qué haría Jesús en mi lugar?”
Es una pregunta que puede ayudarnos a detenernos y pensar antes de actuar. Jesús nos dejó un ejemplo de amor, compasión, servicio y obediencia. La Biblia nos llama a seguir su ejemplo.
Pero hay algo importante que debemos entender: imitar a Jesús no significa que nuestra vida tenga exactamente el mismo propósito que tuvo la suya.
Entonces, ¿qué significa realmente seguir sus pasos?
Jesús nos dejó un ejemplo
Efesios 5:1 nos llama a ser imitadores de Dios. La idea de ser “imitadores” implica seguir un ejemplo.
Podríamos decirlo de una manera sencilla: los hijos muchas veces reflejan a sus padres. Observan cómo actúan, cómo hablan y cómo responden ante diferentes situaciones.
De la misma manera, como seguidores de Cristo, estamos llamados a reflejar su carácter.
Jesús iba haciendo el bien. Mostraba compasión. Se acercaba a quienes sufrían y lloraba con los que lloraban.
Su vida nos muestra una manera diferente de relacionarnos con Dios y con las personas.
Pero Jesús tenía un propósito diferente al nuestro
Aquí aparece una pregunta importante:
¿Tenemos que hacer siempre exactamente lo que Jesús haría en nuestro lugar?
La respuesta requiere entender que Dios creó a cada persona con un propósito y una función particular.
Pablo explica que somos como diferentes miembros de un mismo cuerpo. Cada miembro tiene una función distinta, pero todos forman parte de un mismo cuerpo.
“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”
1 Corintios 12:27
Esto significa que tu participación en el propósito de Dios es personal.
Dios te hizo único e irrepetible.
Por eso, el propósito que Dios estableció para tu vida está relacionado con la función que Él te dio.
¿Por qué Jesús no haría algunas cosas que yo sí debo hacer?
Porque Jesús vino a cumplir un propósito específico.
Lo que Jesús tenía que hacer en la tierra, Él ya lo hizo. Su misión fue única.
Jesús mismo dijo:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.”
Juan 14:6
Por eso, intentar copiar literalmente cada acción de Jesús puede hacernos perder de vista algo fundamental:
Dios también tiene un propósito específico para nosotros.
No fuimos llamados a vivir la vida de Jesús.
Fuimos llamados a seguir a Jesús y vivir nuestra propia asignación delante de Dios.
Entonces, ¿qué debemos imitar de Jesús?
Principalmente, su dependencia del Padre.
Jesús entendió cuál era su propósito y lo vivió plenamente. Su vida estuvo marcada por la obediencia al Padre.
Eso es lo que estamos llamados a imitar:
Su dependencia.
Su obediencia.
Su entrega al propósito de Dios.
La pregunta deja entonces de ser únicamente:
“¿Qué haría Jesús en mi lugar?”
Y comienza a convertirse en:
“Padre, ¿qué quieres que yo haga?”
“Las obras que yo hago, él las hará también”
En Juan 14:12, Jesús dice:
“El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará…”
La palabra “obra” puede entenderse como trabajo, algo que se realiza en favor de una persona o de un grupo de personas.
La enseñanza es desafiante:
Creer en Jesús también implica trabajar.
No se trata solamente de admirar lo que Jesús hizo, sino de participar activamente en aquello que Dios quiere hacer a través de nosotros.
Quizá Dios te ha dado capacidades, oportunidades y una función que nadie más puede cumplir exactamente como tú.
Por eso, no necesitas convertirte en otra persona para servir a Dios.
Necesitas descubrir qué te ha llamado Dios a hacer.
Jesús es nuestro modelo, pero Dios tiene un propósito para ti
Imitar a Jesús no significa copiar su propósito.
Significa aprender de la manera en que vivió:
- Dependía del Padre.
- Obedecía al Padre.
- Vivía consciente de su propósito.
- Servía a los demás.
- Hacía el bien.
- Caminaba en compasión y amor.
Y nosotros estamos llamados a hacer lo mismo desde la función y el propósito que Dios nos dio.
Por eso, la próxima vez que estés frente a una decisión, quizá puedas hacer una pregunta todavía más profunda.
No solamente:
“¿Qué haría Jesús en mi lugar?”
Sino:
“Padre, ¿qué tengo que hacer?”
Porque seguir a Jesús no consiste en vivir una copia de su vida.
Consiste en depender del mismo Padre, obedecerle y cumplir el propósito para el cual Él te creó.
📖 1 Corintios 11:1 | Efesios 5:1 | Juan 14:12 | 1 Corintios 12:12-21





