La palabra “unción” es muy conocida dentro de las comunidades cristianas. Es común escuchar frases como “Dios lo ungió”, “necesitamos la unción” o “esa persona tiene una unción especial”. Pero ¿qué significa realmente la unción? ¿Se trata solamente de una experiencia espiritual, de una emoción o de recibir aceite sobre la cabeza? La Biblia nos …
La palabra “unción” es muy conocida dentro de las comunidades cristianas. Es común escuchar frases como “Dios lo ungió”, “necesitamos la unción” o “esa persona tiene una unción especial”. Pero ¿qué significa realmente la unción? ¿Se trata solamente de una experiencia espiritual, de una emoción o de recibir aceite sobre la cabeza?
La Biblia nos presenta una perspectiva mucho más profunda.
En 1 Samuel 16:1-13 encontramos uno de los relatos más conocidos relacionados con la unción: Samuel unge a David, quien posteriormente tendría una posición importante dentro del plan de Dios. Este pasaje nos ayuda a comprender que la unción está relacionada con propósito, posición y responsabilidad.
¿Qué es la unción?
La unción puede entenderse como un empoderamiento para asumir una posición determinada con un propósito específico.
Es decir, cuando Dios unge a una persona, no lo hace simplemente para darle un título, una experiencia o una sensación especial.
La unción tiene un propósito.
Dios entrega una posición y un área de responsabilidad para que esa persona pueda desarrollar aquello que Él le ha encomendado.
Por eso, hablar de la unción no debería llevarnos únicamente a pensar en emociones o manifestaciones externas. La verdadera pregunta también es:
¿Para qué me ha llamado Dios?
La unción siempre está relacionada con un propósito
La palabra propósito hace referencia a un plan deliberado, anticipado o establecido.
Esto nos ayuda a entender que la unción no existe sin una razón.
Cuando Dios unge a alguien, hay algo que esa persona ha sido llamada a desarrollar dentro del plan de Dios.
Romanos 8:28 nos recuerda que Dios obra en todas las cosas para bien de quienes le aman y han sido llamados conforme a su propósito.
Por eso, descubrir nuestra unción también implica comenzar a comprender el propósito para el cual Dios nos ha llamado.
No se trata solamente de decir: “Dios me escogió”.
También debemos preguntarnos:
¿Qué estoy haciendo con aquello que Dios puso en mis manos?
La unción no se trata solamente de un título
Es posible pensar que una persona tiene un mayor nivel de unción porque ocupa un determinado cargo o tiene un título dentro de la iglesia.
Sin embargo, la enseñanza plantea una diferencia importante:
La unción no tiene que ver únicamente con el título que una persona tiene, sino con el nivel de responsabilidad con el que opera.
Esto cambia nuestra manera de entender el concepto.
Una persona puede tener una posición visible y, al mismo tiempo, no asumir con responsabilidad aquello que se le ha confiado.
Por otro lado, alguien puede realizar una labor que aparentemente nadie ve y hacerlo con una profunda responsabilidad delante de Dios.
La responsabilidad manifiesta la verdadera manera en la que estamos viviendo aquello que Dios nos ha confiado.
¿Qué significa tener responsabilidad?
Ser responsable no significa simplemente tener muchas cosas que hacer.
La responsabilidad tiene que ver con la capacidad de tomar decisiones conscientemente y asumir las consecuencias de esas decisiones. También implica reflexionar, administrar y valorar aquello que está bajo nuestro cuidado.
Aquí encontramos una diferencia importante entre tarea y responsabilidad.
Una tarea es un trabajo que alguien nos asigna.
La responsabilidad, en cambio, nace de nuestra propia conciencia.
Por ejemplo, alguien puede decirte:
“Haz esto”.
Eso es una tarea.
Pero cuando comprendes que aquello que haces forma parte de algo que Dios te ha confiado, ya no lo haces únicamente porque alguien te lo pidió. Lo haces porque reconoces que tienes una responsabilidad delante de Dios.
¿Tarea o responsabilidad?
Esta diferencia puede cambiar completamente nuestra manera de servir.
Una tarea puede cumplirse simplemente porque fue asignada.
La responsabilidad, en cambio, nos lleva a pensar:
¿Qué consecuencias tiene lo que estoy haciendo?
¿Cómo puedo hacerlo mejor?
¿Qué necesita esta situación?
¿Qué puedo aportar?
¿Cómo puedo cumplir el propósito que Dios me ha confiado?
Las tareas pueden delegarse, pero la responsabilidad pertenece a la conciencia de la persona que debe responder por sus decisiones y acciones.
Por eso, trabajar para Dios no debería reducirse a simplemente completar una lista de actividades.
Dios no busca culpables, busca personas responsables
Uno de los primeros pasos para vivir una vida de acuerdo con el propósito de Dios es dejar de buscar culpables.
Cuando algo sale mal, nuestra reacción natural puede ser señalar a alguien más:
“Fue por él”.
“Fue por ella”.
“Yo no tuve la culpa”.
“Eso no me correspondía”.
Pero la enseñanza nos lleva a una pregunta diferente:
¿Estoy dispuesto a hacerme responsable de aquello que Dios puso en mis manos?
Dios no busca personas que pasen la responsabilidad a otros. Busca personas capaces de asumirla.
La irresponsabilidad puede terminar causando daño dentro del cuerpo de Cristo, porque aquello que una persona deja de hacer puede afectar a otras.
Trabajo y responsabilidad van de la mano
Si Dios nos ha dado un propósito, ese propósito requiere acción.
No podemos quedarnos únicamente esperando que suceda algo.
La enseñanza enfatiza que trabajo y responsabilidad van de la mano. Antes de pensar simplemente en cumplir una tarea, debemos comprender aquello que se nos ha confiado y actuar desde la responsabilidad.
Esto también nos lleva a desarrollar creatividad.
Cuando una persona entiende que algo es verdaderamente su responsabilidad, deja de pensar únicamente:
“¿Qué me dijeron que hiciera?”
Y comienza a preguntarse:
“¿Qué puedo hacer para que esto funcione?”
La responsabilidad nos mueve a buscar soluciones.
La unción y el propósito de Dios
No existimos por casualidad. Existimos porque Dios desea que existamos.
Desde esta perspectiva, la unción no debe verse como algo que estamos esperando recibir algún día.
Por medio de Cristo, Dios ya nos ha dado una posición y un propósito. 2 Corintios 1:21 habla de que Dios es quien nos confirma en Cristo y nos ungió.
Entonces, el desafío no consiste solamente en preguntarnos:
“¿Cuándo me va a ungir Dios?”
Sino también:
“¿Estoy viviendo aquello que Dios ya me ha confiado?”
La unción debe ser vivida
Una cosa es saber que Dios nos ha dado un propósito y otra muy diferente es vivir de acuerdo con ese propósito.
Necesitamos que esa realidad se nos revele y podamos vivirla conscientemente.
Esto significa que la unción no debería quedarse en un concepto religioso.
Debe producir una transformación en nuestra manera de pensar y actuar.
Ser ungido implica asumir una posición dentro del plan de Dios y desarrollar esa posición con responsabilidad.
Ser ungido va más allá del aceite
En algunas tradiciones cristianas, la unción se relaciona con el acto de colocar aceite sobre una persona.
El aceite aparece en diferentes relatos bíblicos y puede formar parte de actos de consagración.
Ser ungido va más allá de recibir aceite.
También va más allá de ser elegido, de tener una tarea o de ocupar una posición.
La verdadera pregunta es si estamos asumiendo con responsabilidad el lugar y el propósito que Dios nos ha confiado.
Una vida ungida no es una vida pasiva
Si entendemos la unción únicamente como algo que sentimos, podemos terminar buscando constantemente una experiencia.
Pero si entendemos la unción como parte del propósito que Dios nos ha dado, nuestra perspectiva cambia.
La unción nos lleva a actuar.
Nos lleva a servir.
Nos lleva a trabajar.
Nos lleva a asumir responsabilidad.
Nos lleva a desarrollar aquello que Dios puso en nuestras manos.
Por eso, la pregunta no es únicamente si somos ungidos.
La pregunta es:
¿Cómo estamos viviendo esa unción?
¿Qué tipo de unción estás viviendo?
¿Qué tipo de unción quieres vivir: una unción de tarea o una unción de responsabilidad?
La diferencia está en la manera en que respondemos al propósito de Dios.
Podemos hacer algo solamente porque nos dijeron que lo hiciéramos.
O podemos comprender que Dios nos ha confiado algo y decidir asumirlo con responsabilidad.
Podemos esperar que alguien nos diga exactamente qué hacer.
O podemos desarrollar iniciativa, creatividad y compromiso.
Podemos buscar culpables cuando algo sale mal.
O podemos preguntarnos qué parte nos corresponde asumir.
Vivir la unción con propósito
La unción no debería ser solamente una palabra que escuchamos dentro de la iglesia.
Es una invitación a comprender que Dios nos ha dado un propósito y que nuestra respuesta a ese propósito requiere responsabilidad.
Dios no solamente nos llama; también nos invita a vivir aquello para lo cual fuimos llamados.
Por eso, quizá hoy vale la pena detenernos y preguntarnos:
¿Qué me ha confiado Dios?
¿Estoy tratando aquello como una simple tarea o como una responsabilidad?
¿Estoy buscando culpables o estoy dispuesto a hacerme responsable?
¿Estoy esperando una nueva experiencia o estoy viviendo lo que Dios ya puso en mis manos?
Comprender la unción de esta manera puede cambiar nuestra forma de servir, trabajar y relacionarnos con Dios y con los demás.
En Centro Cristiano Nuevo Amanecer, en Puerto Vallarta, creemos que nuestra fe debe llevarnos a vivir con propósito y a poner en práctica aquello que Dios nos ha confiado.
Porque ser ungido no se trata solamente de tener una posición.
Se trata de asumirla con responsabilidad y vivir el propósito de Dios.




